BerlinEast

FOTOGRAFÍA

Dicen, en las incontables guías turísticas que recorren la ciudad, que el nombre de Berlín proviene de su asentamiento sobre tierras no cultivables: tierras pantanosas.

La reconstrucción de la ciudad bien podría haber reafirmado, paradójicamente, el significado de su nombre. Donde una vez se cultivaron los mayores azotes y demonios del siglo XXI, hoy encontramos una ciudad bucólica, frenética, viva y contemporánea, pero dispersa en el reencuentro con su pasado. El propósito de este trabajo no es hacer una crítica sobre el pasado y el presente de la ideología alemana. Aún es pronto para ver cuáles serán los efectos de la irrupción de la extrema derecha en la vieja Europa, y de si sus habitantes han renunciado al recuerdo o han preferido refugiarse en la calidez del olvido. Lo que este trabajo pretende reflejar es el contraste histórico erigido en una ciudad como esta. La facilidad con la que el visitante puede encontrar una mezcla de artes y estilos, desde la pintura a la arquitectura o la música a la gastronomía, conviviendo en perfecta armonía. Un contraste, quizá, con la ideología dantesca que resurge en sus calles. En sus avenidas. En sus ciudades. En sus país. En nuestro continente.